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El Avellano: Aspectos técnicos

--> Requerimientos para su cultivo 

Labores Culturales

Las labores culturales van a depender del tipo de relieve en que se realizó la plantación pues por ejemplo si se realizó en zonas de sierras las condiciones de suelo  son escasas, cualquier labor estaría degradando las características edáficas y las condiciones para el cultivo. Por la que se recomienda desmalazado mecánico o integrar un sistema mixto utilizando el pastizal natural que cuenta con +/- 100 especies forrajeras. De todos modos para un suelo de cultivo agrícola, lo ideal serian:
Las labores previas a la plantación dependerán de los cultivos precedentes. No debe olvidarse que la implantación de un cultivo arbóreo requiere de labores profundas para garantizar un buen desarrollo de las raíces en el suelo. Estas labores tienen por finalidad: 

  • Remover el suelo a la mayor profundidad posible para hacerlo menos compacto. En caso de existir capas endurecidas, se recomienda el uso de cinceles subsolador. 

  • Incorporar la materia orgánica superficial. 

  • Destruir las malezas, principalmente las perennes. 

  • Eliminar cepas y raíces de plantas que puedan ocasionar podredumbres en la nueva plantación. 

La nivelación del cuadro es fundamental cuando el sistema de riego es por manto o surcos, pues permitirá un correcto manejo del agua. 

Plantación 
La planta de avellano proveniente del vivero, es una rama de un año, que estuvo unida a la planta madre hasta poco antes de ser llevada a la plantación definitiva. Este acodo tiene, en general, un sistema radicular superficial y poco desarrollado. Por esta razón, y para lograr un buen desarrollo el primer año, la plantación debe hacerse con especial cuidado. Los pozos se harán de 0,40 metros de profundidad por 0,40 metros de ancho, a máquina o a pala, cuidando de que no haya compactación en las paredes laterales. Para asegurar una buena alineación en la fila se recomienda el uso de una tabla plantadora. La plantación debe realizarse en cuanto las plantas lleguen del vivero para evitar el desecamiento de las raíces. 

a) Época de plantación

Se hará después de la caída de las hojas, desde junio hasta los primeros días de agosto. Esto le permite a la planta establecerse durante el período de frío y tener una buena brotación en primavera. 

b) Colocación de las plantas

La plantación se hará sobre suelo seco. No hay que enterrar profundamente las raíces, el cuello del acodo debe quedar en la misma profundidad que estaba en el vivero. El hoyo se tapará comenzado por la tierra fina de la superficie para que no queden espacios vacíos entre raíces. 

Una vez plantados hay que regar inmediatamente, con no menos de 10 litros de agua por planta, y podar las ramitas anticipadas a una o dos yemas. No se recomienda aportar abono o fertilizante en el hoyo de la plantación. De ser necesario se realizará una fertilización de fondo, antes de la preparación del terreno, lo que permitirá la incorporación del fertilizante en forma pareja al efectuar las labores. 

c) Labores posteriores a la plantación

La falta de agua es una de las principales causas de pérdida de plantas durante el primer año. El acodo, debido a su escaso sistema radical, es muy exigente en agua por lo cual es necesario mantener una mayor frecuencia de riegos según el tipo de suelos y la época del año. También deberán realizarse frecuentes escardas para mantener el suelo libre de malezas alrededor de las plantas. En los primeros tres a cuatro años se recomienda no usar herbicidas y las labores de escarda se realizarán manualmente. 

Sistema de Plantación 

Se realiza preparando el terreno y colocando las plantas en disposición quincuncial y a 4 metros de distancia, por termino medio. Esto le brinda al cultivo el espacio suficiente de la parte aérea y del sistema radical de modo de no crear competencia, le otorga la luz que necesita y el espacio para la realización de las labores (Giovanni Me 1997). 

a) Conducción de los árboles: 

El avellano tiene la tendencia natural a formar arbustos con numerosas ramas que nacen desde la base. Estos dificulta la realización de las labores culturales y, principalmente, impide la cosecha mecánica. 

La conducción de las plantas se hace en un sólo tronco, formando un vaso de cuatro o cinco ramas y un tronco de 0,60 metros de altura. Este sistema permite realizar las labores culturales en la línea y facilita las tareas de cosecha. 

En los últimos años se han realizado ensayos con otros sistemas de conducción, como eje central, ipsilon o setos. 

b) Densidad de la plantación

El distanciamiento entre plantas es muy variable, dependiendo de la fertilidad del suelo, las precipitaciones o del riego, del vigor de la variedad y de la mecanización del cultivo. En general, se considera que la distancia entre hileras no debe ser menor de 3 metros. la densidad varía entre 270 plantas por hectárea (6x6), en suelos muy profundos y con variedades vigorosas, y 800 plantas por hectárea (5,0 x 2,5) con variedades de menor vigor y sistemas de conducción en alta densidad. En este último se debe eliminar una planta por medio a los 10- 12 años, para que no decaigan los rendimientos. 

La posible distancia de plantación a utilizar en nuestra zona es de 4 x 4 metros, lo que equivale a 625 plantas por hectárea, con las que se logran un buen desarrollo de las plantas y una buena cobertura del suelo. En otros países se recomienda una distancia de 5 x 3 metros, o sea 666 plantas por hectárea, que permite incrementar los rendimientos los primeros años, debido al mayor número de plantas; pero obliga a mantener un sistema de poda muy riguroso, que llega incluso a la eliminación de una planta por medio, en la fila, cuando las variedades son vigorosas y el suelo profundo. 

e) Disposición de las plantas polinizadoras

Son indispensables para logra buenas producciones debido a las características de floración de la especie. Normalmente, el porcentaje de polinizadoras varía entre el 15% y el 20%. 
Para la distribución de las plantas en el monte, el factor más importante a tener en cuenta es la dirección de los vientos dominantes en invierno, ya que la polinización es anemófila. Las polinizadoras deben estar cerca del primer lugar que enfrenta los vientos, por ejemplo en la tercera fila, y ningún árbol debe estar a más de 25-30 metros de un polinizador, con lo cual se asegura una buena llegada del polen a las flores femeninas. 

Como la calidad de sus frutos no siempre es la óptima, la plantación de las polinizadoras se realizará en filas completas, lo que permitirá cosecharlas por separado facilitando su comercialización. La disposición puede ser de 10 filas por cultivar, alternadas. Se pueden también consociar dos o tres cultivares con igual extensión. 

La Poda (Liliana de Berasategui et. al. 1997) 

El avellano es una especie naturalmente arbustivo, formada por numerosas ramas principales que parten del nivel del suelo. Para asegurar el equilibrio futuro del árbol y simplificar las operaciones de limpieza y cosecha es necesario encarar las tareas de poda desde el momento de la plantación. 

Poda de Formación 

La poda de formación, comienza con eliminar los retoños que aparecen en la base del tronco y junto con la formación debe continuarse por cuatro o cinco años, durante el período invernal. 

El objetivo del fruticultor es formar plantas compuesta por tres a cinco brazos principales, a 0,40 - 1 metro del suelo, bien repartidos alrededor del tronco, según el vigor de la variedad y el tipo de suelo. 

a- Poda de plantación: (figura 1 y 2) 

Inmediatamente después de plantados los acodos, se deben realizar las siguientes operaciones de poda: 

  • Rebajar la planta a un metro del suelo 

  • Podar las ramas anticipadas a dos yemas 

  • Eliminar todas las ramas que haya por debajo de los 0,40 metros 

Si el desarrollo radical del acodo es escaso, conviene podar el tallo principal a cuatro o cinco yemas para permitir equilibrar el sistema radical y el aéreo. De esta forma se logra, durante el primer año, el desarrollo de ramas vigorosas que permitirán al segundo año una buena formación de la planta. De no realizarse una poda severa, en este caso habrá un escaso desarrollo de ramas y pérdida de un alto número de plantas. 

b- Poda al fin del primer año: 

En las figuras 3, 4 y 5 se esquematizan los tres principales casos encontrados en avellanos, después del primer año de plantación. 

Caso 1 (figura 3) 


Aquí, el largo de brotes anuales alcanza 0,30-0,50 metros y el número de ramas bien ubicadas es suficiente. Además de las indicaciones de la figura, deberán efectuarse las siguientes tareas: 

  • Elegir cuatro o cinco ramas por su ubicación o vigor. 

  • Eliminar eventualmente el brote central, efectuando el corte sobre el tallo principal.

  • Equilibrar las ramas conservadas, acortando las más fuertes. 

  • Simplificar los nacimientos dobles o triples, dejando sólo el brote mejor colocado o con mejor ángulo con el tronco. 

  • Eliminar todos los brotes que se encuentren por debajo de los 0,40-0,50 metros, según la altura de vaso elegida. 

Caso 2 (figura 4) 

En este caso, los brotes tienen el largo correcto (0,20-0,40 metros) pero hay poca cantidad de ramas, por lo que deberían realizarse las siguientes tareas: 

  • Podar el brote central a cuatro o cinco yemas, para provocar la aparición de ramas suplementadas.

  • Acortar las ramas conservadas para lograr su equilibrio. 

  • Simplificar los nacimientos múltiples. 

  • Eliminar los brotes de la parte interior del tronco. 

Caso 3 (figura 5) 

La planta ha desarrollado una rama central y una sola rama lateral fuerte. En este caso se deberán: 

  • Podar la rama central a cuatro o cinco yemas para favorecer nuevos nacimientos. 

  • Podar la rama lateral a dos o tres yemas para obtener nuevas brotaciones. 

  • Eliminar los brotes de la parte inferior. 

Caso 4 

La planta se presenta con un crecimiento débil, con numerosas ramas de cinco a diez centímetros. Se deberá proceder de la siguiente manera: 

  • Podar a dos yemas los brotes superiores, suprimiendo los nacimientos múltiples. 

  • Suprimir los brotes inferiores. 
    Esta poda se aplica también, a plantas débiles donde los brotes están en un mismo plano. 


c- Poda del segundo año: (figura 6) 


Durante el segundo año se obtienen brotes que, en general, varían de 0,40 a 1 metro. La poda se hará sobre las siguientes bases: 

  • Elegir las ramas primarias faltantes, si no se completaron en el primer año. 

  • Despuntar las ramas primarias a 0,50 metros para equilibrar su desarrollo. 

  • Eliminar las ramas laterales muy vigorosas y con ángulos cerrados que nazcan en las partes superior de las primarias. 

  • Eliminar las ramas del centro del árbol. 


d- Poda del tercer año: (figura 7) 


En esta etapa las operaciones se reducirán a:

  • Despuntar las ramas de más de 0,50 metros. 

  • Suprimir desde su nacimiento las ramas que nacen en el centro de la copa. 

  • Eliminar las ramas con ángulos muy cerrados. 


e-Poda del cuarto y quinto año: 
A partir del cuarto año, la planta de avellano está normalmente formada y la poda se reducirá a eliminar las ramas que nacen en el centro de la copa. 

Poda de producción

Generalidades 
El programa de poda y fertilización para avellanos es más o menos semejante al utilizado para el duraznero en cada zona en particular. Es necesario, como primer medida, eliminar los retoños que aparecen en la base del tronco. El avellano fructifica lateral y terminalmente en ramas del año anterior y la poda, luego que el árbol comenzó a fructificar, debe estar dirigida a estimular una cantidad moderada de crecimiento nuevo en cada año, como en el caso del duraznero. Conviene realizar alguna poda de raleo para facilitar el acceso de luz al centro de la copa y así evitar que la planta fructifique exclusivamente en la periferia. Sin embargo esta poda no debe ser tan severa como en el caso del duraznero (Norman Francklin Childers, tomo II). 

Proceso (Giovanni Me et.al. 1997 y Liliana de Berasategui et. al. 1997) 
Se realiza después que las plantas han completado su formación y sirve para conservar en el tiempo un equilibrio óptimo entre actividad vegetativa , actividad productiva y la copa bien iluminada y evitar el desarrollo de ramas muy bajas que dificulten las labores culturales y de cosecha. 

En efecto, el avellano, si bien el longevo tiene vida económica breve, de unos diez años si no se interviene con la poda. Esta favorece el desarrollo de ramas vigorosas que son aquellas más idóneas para la fructificación. De la experiencia se ha encontrado que la productividad de las ramas es directamente proporcional a su vigor vegetativo. Por el otro lado, crecimientos muy vigorosos, mayores de 0,50 metros, poseen en su extremo yemas únicamente vegetativas. 

Las ramas cortas, tan comunes en el avellano, son prácticamente estériles. De aquí, la posibilidad de obtener producciones elevadas será solamente en las plantas más dotadas de ramas vigorosas, entendiendo por tales las ramas de menos de 15-20 cm. La poda deberá basarse sobre cortes de raleo cuando las plantas sean jóvenes y sobre el recorte, una vez que las plantas hayan alcanzado la madurez. 

Para mantener las condiciones óptimas de producción se deben tener en cuenta tanto la poda, como las fertilizaciones, la provisiones de agua de riego y las labores culturales. 

Una elevada productividad en las plantas se consigue logrando una buena luminosidad en toda la copa, y crecimientos anuales entre 0,15 a 0,40 metros. 

Control de rebrotes 

Los rebrotes son ramas vigorosas que nacen de yemas gemíferas al pie de la planta y ejercen una fuerte competencia. Por esta razón, los mismos deben ser eliminados en las primeras etapas de su desarrollo. 

El control, durante los primeros tres años, se realiza manualmente con tijeras, haciendo el corte desde su nacimiento. Aunque este sistema es lento y costoso, es el único que garantiza el buen crecimiento de la planta joven, que podría verse afectado por la acción de, los herbicidas. 

A partir de que la planta tiene cuatro años, se comienza con el control químico, lo que permite disminuir considerablemente los costos de mano de obra. los productos utilizados son 2,4 D amina al 5% y paraquat al 0,3%, también se está utilizando con éxito MCPA y Glifosato + MCPA. La aplicación debe realizarse al pie de la planta, sin mojar sus hojas y con altura máxima de los rebrotes de 0,15 a 0,20 metros. 

Manejo del suelo post plantación

El sistema radical del avellano es muy superficial lo que lo hace particularmente sensible a la competencia de maleza por agua y nutrientes. Las labores del suelo deben ser pocas profundas, no más de 0,10 metros, para no dañar las raíces y las herramientas no deben trabajar a menos de 0,30 a 0,50 metros de la planta para evitar lastimaduras en el tallo. En la línea de plantación, las labores se realizan en forma manual o con herbicidas. 

En plantaciones jóvenes, hasta los tres o cuatro años, el mantenimiento de suelo puede realizarse con una rastra liviana entre líneas, que se pasa cruzada, asegurando dejar un área de por lo menos 0,80 metros de lado, alrededor de la planta, que será controlado en forma manual, nunca con herbicidas. 

En plantaciones adultas, la línea debe ser mantenida libre de maleza. Esto puede realizarse con tratamientos químicos o manuales superficiales. la entrelinea puede conducirse a suelo desnudo, con pasadas periódicas de rastra superficial o con cobertura permanente de especies naturales, que deberá mantenerse a una altura no mayor de 0,10 metros. 

Nutrición mineral 
Las respuestas del avellano a los aportes de nutrientes, varían en función del clima (luz, agua, temperatura) del tipo de suelo (arcillosos, arenosos), de las labranzas y del tipo de cobertura. Como el resultado de experiencias realizadas en distintos países productores, podemos hacer una pequeña referencia con respecto a la acción de los principales nutrientes 

Nitrógeno (N): Favorece el desarrollo de ramas largas, con un alto número de yemas mixtas y hay un aumento de la producción. Se ha observado un incremento en el calibre y peso de los frutos y una disminución del número de frutos vacíos. las deficiencias se manifiestan con la presencia de hojas pequeñas de color verde claro, formación de ramas cortas, débiles y con escaso número de yemas fértiles. 

Fósforo (P): Hasta ahora no hay evidencias de que sea marcada la respuesta del avellano al aporte de este elemento; no habiéndose demostrado incrementos en la productividad ni en la calidad de los frutos. Sin embargo, deficiencias muy marcadas de P, producen una escasa floración y retardan la maduración de los frutos. 

Potasio (K): Tiene un efecto positivo sobre el peso, el calibre de los frutos, y el rendimiento descascarado. También se ha observado una importante reducción en el número de frutos vacíos. La carencia de este elemento se manifiesta en un retraso de la brotación y en la aparición de necrosis sobre el borde de las hojas. 

Calcio (Ca): Favorece la absorción del nitrógeno y del potasio. Un exceso bloquea la absorción del hierro y provoca el típico amarillamiento de las hojas (ciorosis) que es frecuente en terrenos calcáreos. 

Magnesio (Mg): Interviene en las principales actividades que son vitales: fotosíntesis, crecimiento de los brotes, formación de los frutos. 

Boro (B): Es el microelemento donde son más notables los efectos. En particular es esencial para la germinación del polen sobre los estigmas y para la fecundación. Si hay carencia provoca disturbios en el proceso de fructificación. 


Fertilización
En lugares en que existe peligro de heladas, la poda deberá dilatarse hasta la cercanía del período de floración (julio-agosto). Ensayos realizados en Oregón (EEUU.) demostraron que aplicaciones de 2,700 kg. de KCI a plantas adultas cada tres años, aumenta los rendimientos y calidad de la avellana, siempre que los análisis del suelo u hojas muestren una deficiencia. El NPK contenido en los abonos verdes suministrará el PK que necesita en los suelos de los valles. Una planta adulta necesita cerca de 675 a 900g de N aplicado en febrero - marzo (hemisferio - norte). 

Se ha demostrado que la aplicación de los fertilizantes debe ser hecha en etapas, a lo largo del ciclo anual del cultivo; sobre todo, en lo que se refiere al nitrógeno. Distintos autores coinciden en que debe buscarse un equilibrio 1:0.4:0.9(N:P:K). Esto equivale, aproximadamente, a un aporte de 120 a 150 Kg/ha de nitrógeno, de 60 a 70 Kg./ha de fósforo y de 100 a 120 Kg./ha de potasio, con aplicación fragmentada del N: el 35 % en septiembre, el 50 % en noviembre y el 15 % en abril, inmediatamente después de la cosecha. 

El contenido mineral de hojas "normales" de avellanos es el siguiente: 

Caº Mgº Fe Mn B Zn Cu Mc1 CIº
2.3 0.10 0.9 0.6 0.2 100 236 100 20 23 8 0.7 0.06
+ a + a + a a a a a a a a
0.22 1.4 150 500 600 50 50 11 1.0 0.36


Datos sugeridos por el Dr. O. Compton y el Dr. H. Lagerstedt, Univ. del Estado de Oregón, Corvallis.(Norman Franckiin Childers) 
º En porcentaje; los otros en ppm. 
(1) Sin datos disponibles, los números indicados se basan en cantidades razonables halladas en otros frutales y nueces. 

Abonado de implantación 
Debe estar precedido por el análisis fisicoquímico del terreno para determinar su fertilidad natural, el pH base al resultado de los análisis se calculan las dosis de abono a suministrar. 

En forma orientativa, antes de la plantación se tiene que aportar al terreno de 300 a 500 quintales por hectárea de estiércol bien maduro, 150 a 250 kg por ha P2 05 correspondientes a 7,5-12,5 quintales por hectárea de perfosfato mineral, 200 - 300 kg. por hectárea de K2 0 equivalente a 4-6 quintales por hectáreas de sulfato potasio. 

Abonado de plantación 
Debe ser precedido de análisis fisicoquímico del suelo para determinar se fertilidad natural, el pH. En base a los resultados de los análisis se calculan las dosis de fertilizantes a suministrar. 

A título orientativo, antes de la plantación, se deben aportar al terreno 300 - 500 quintales de estiércol bien maduro 150-250 kg/ha de P2o5 correspondiente a 7,5- 12,5 quintales/ha de perfosfato mineral, 200-300 kg./ha de K20 equivalente a 4-6 q/ha de sulfato potasio. 

Abonado después de la plantación 
En los primeros años de vida de la plantación, cuando las plantas no dan ningún o pocos frutos, la fertilización tiene el principal objetivo de estimular el desarrollo vegetativo. Por lo tanto, es necesario, sobre todo el nitrógeno, que sea suministrado debido al todavía limitado desarrollo del aparato radical, no sobre toda la superficie, sino en la vecindad de las plantas individuales. Además, siendo muy móvil en el terreno, debe ser distribuido en dos subdosis: a fines de marzo al despertar vegetativo, y a la mitad de mayo. En estos períodos la actividad del aparato radicular es máxima. 

Dosis aconsejables: Ningún aporte nitrogenado en el año de la plantación. Es suficiente el nitrógeno contenido en los abonos orgánicos para promover el desarrollo vegetativo de la planta. Durante el segundo año se suministran 30g de N por planta en un radio de 50cm. (correspondiente a 24 kg. por hectárea). Al tercer año, 80gr. Por planta en un radio de 1 m (64 kg. por ha). Al cuarto año, 100g por planta sobre una franja de 1 m de una parte y de la otra de la fila ( 80kg/ha). Al quinto año 120g sobre una franja, de ambas partes de la fila, de un ancho de 1,5 m (96 kg./ha). Al sexto año, 150 g sobre una franja de un ancho de 2m (120kg/ha). En cuanto respecta al fósforo y al potasio, a partir del segundo año, se pueden suministrar, respectivamente, 4 y 150 unidades por hectárea. 

Durante la plena producción 
El abonado además de mantener un suficiente vigor vegetativo en las plantas, debe reintegrar la cantidad de elementos exportados por los frutos. Un avellano con una producción de 20 quintales por hectárea del terreno 18,2 kg. de N, 9 kg. de P y 12,3 kg. de k. A título orientativo se pueden aconsejar aportes anuales de los tres elementos respectivamente de kg. 150-250, 75,120-180. 

Para que el abonado sea eficaz hay que tener en consideración el tipo de suelo y su pH. En textura equilibrada o pesada y no calcárea, con pH ácido o neutro, se debe suministrar fósforo y potasio bajo la forma de abonos de reacción alcalina o neutra, tales como las escorias Thomas, sulfato potasio. En suelos con textura equilibrada o pesada pero calcáreos y de pH elevado se suministra el fósforo bajo la forma de superfosfato o fosfato amónico y el potasio como sulfato de potasio. 
En los suelos con textura arenosa, pobres en arcilla, con ácido o neutro, el fósforo es suministrado bajo la forma de escorias Thomas y el potasio como sulfato potasio pero contemporáneamente al nitrógeno, de otro modo es lavado. 

En el período de plena producción es también indispensable la materia orgánica. Aportes de estiércol o de otros compuestos orgánicos cada año mejoran la estructura del terreno, su capacidad de retención hídrica y de absorción de los elementos minerales. Son además oportunas los suministros de boro y magnesio por vía foliar, en el período mayo-junio para mejorar el cuaje. 

Cosecha y conservación 
El período de entrada en producción del avellano depende fundamentalmente del clima, del suelo y de las técnicas de cultivo utilizadas. En general, la producción comienza en el cuarto año, entrando en plena producción a los 12-15 años, su vida productiva puede llegar hasta los 50 años. Un correcto manejo del cultivo, con buena fertilidad del suelo y técnicas culturas adecuadas, permite alcanzar producciones de 20 a 30 quintales por hectárea de fruta con cáscara. 

Labores previas a la cosecha
Consiste en eliminar los rebrotes que no se hayan controlado durante la temporada. Además el suelo debe hallarse bien nivelado y totalmente libre de malezas en las filas. 

Cosecha 
En el Valle Inferior, la cosecha comienza a fines de febrero y continúa hasta mediados de marzo, según las variedades y dura, en promedio, tres semanas. El fruto, una vez completado su crecimiento, cae al suelo con o sin su involucro. Esta caída se produce en forma escalonada, en forma reducida al principio y al final de dicho período. 

El fruto cae con un bajo porcentaje de humedad, pero tiene una gran capacidad de absorber agua, especialmente en contacto con suelos muy húmedos o cuando queda expuesto a la lluvia. Para lograr la máxima eficiencia en la calidad de la cosecha, ésta debería hacerse sobre suelo seco y en una sola pasada pero, considerando lo anterior, deberá evaluarse el número de pasadas en función del período de lluvias. 

Tipos de cosecha 
La cosecha es el costo más alto en el cultivo de avellanos, sobre todo si se realiza en forma manual. El diseño de plantación y la conducción a la que hacemos referencia están diseñados para cosecha mecánica. Aunque la reducida superficie actual en producción no justifica su uso, la utilización de las mismas debe ser considerada en los próximos años como una forma de bajar los costos de producción. 

Cosecha manual: Cosiste en la recolección, limpieza y embolsado al pie de la planta; el rendimiento es de 4-8 Kg./hora según la producción de la planta. Otra opción es el barrido con escobas mecánicas, recolección manual y posterior limpieza en galpón, lo que permite reducir los tiempos de cosecha. 

Cosecha semimecánica: Se adapta a pequeñas explotaciones o a suelos con pendiente. Se utilizan escobas mecánicas o cepillos con los cuales se realizan montones debajo de las plantas. Posteriormente, se recogen junto con todas las impurezas con pequeñas máquinas recolectaras y limpiadoras. Estas máquinas, autopropulsadas o de arrastre, pueden ser cepillos o aspiradoras. La primera limpieza se hace generalmente en el galpón del establecimiento y luego el producto va a las Cooperativas, que concentran la producción de toda la área, y donde se termina de procesar. El rendimiento de la cosecha es de 10 a 14 Kg./hora. 

Cosecha mecánica: En las superficies mayores de ocho hectáreas, con suelos planos y limpios, se utilizan máquinas aspiradoras provistas de una gran turbina que alimenta a tres o cuatro mangueras. Estas aspiran directamente del suelo las avellanas junto con todas las impurezas, que luego son separadas por corrientes de aire. De esta forma se logran rendimientos de 300-400 Kg./hora. 

Acondicionamiento del producto

Selección y Zarandeado 
Inmediatamente después de la cosecha y antes de ser secada, la fruta deberá 
acondicionarse a galpón. Este trabajo consiste en eliminar trozos de ramas, hojas, involucro y piedras, separar los involucros de las frutas que han caído con ellos, lavar la fruta sucia de tierra y escurrirla. Puede hacerse en forma manual, cuando hay poco volumen de cosecha o en forma mecánica; para lo cual se combinan distintos sistemas de zarandas, que separan hojas, ramas, etc. 

Lavado 
Luego inmersión en agua para que los materiales pesados 'caigan al fondo, mientras la fruta flota y posteriormente se produce al lavado, con agitación constante, para eliminar la tierra adherida a la cáscara. Finalmente se pasa por un sistema de circulación forzada de aire que seca la superficie de la fruta. Estas operaciones de acondicionamiento deben realizarse rápidamente para que no se deteriore la calidad de la fruta. 

Secado 
Una vez acondicionadas, las avellanas deberán ponerse enseguida a secar. La fruta recién recolectada posee entre un 10% y un 20% de humedad, pudiendo ser ésta mayor si fue lavada. Para lograr una buena conservación, la fruta con cáscara debe contener menos de un 8% de humedad y menos del 5% si está pelada. 

El secado manual se realiza sobre catres o zarandas, los frutos se disponen en capas finas en lugares expuestos al sol o bien, en lugares cubiertos pero con fuerte ventilación, debiendo ser removidas periódicamente. Otra posibilidad es colocar la fruta sobre una superficie pavimentada, removerla regularmente y cubrirla de noche, o en días con lluvia o alta humedad ambiente. 

Este sistema es eficaz si la estación se mantiene soleada después de la recolección, pero requiere de una gran movimiento de la fruta y por lo tanto de mano de obra. 
Cuando se trabaja con volúmenes medianos a grandes se debe recurrir al secado artificial. La temperatura del aire que circula debe esta entre 35 y 45º C ; dentro del silo la temperatura no debe superar los 45ºC y la del interior de la fruta debe mantenerse entre 35 y 40ºC para que no se altere su calidad. El aire caliente eleva la temperatura de la fruta evaporándose primero el agua superficial y finalmente el agua interna. 
Dentro del silo, se hace circular el aire caliente desde la base del mismo, pasando a través de las avellanas; de esta forma absorbe humedad de las mismas y sale por la parte superior. La fruta debe mantenerse en constante movimiento. La duración de esta fase varía de 8 a 24 horas según sea el grado de humedad inicial del producto fresco. 

Conservación 
Una vez secas, las avellanas tienen un largo período de conservación, si ésta se realiza en condiciones apropiadas. 

a) Avellanas con cáscara: 
El contenido de humedad dentro del fruto debe ser menor del 8%. Se deben almacenar en bolsas o silos, ventilados regularmente, en galpones con temperatura menor de 21ºC y humedad ambiente menor del 65%. En estas condiciones se pueden mantener durante un año sin cambios en las características organolépticas. Colocadas en frío, entre 2 y 4ºC y menos de 65% de humedad, la conservación se prolonga por dos o cuatro años. 

b) Avellanas peladas: 
Tienen menor conservación que con cáscara. La humedad interna del grano tiene que ser menor del 4,5% y la humedad ambiente no debe superar el 70%,. Con temperaturas de 5ºC se logra conservar por cuatro o cinco meses, pero si se lo hace a -3 ó 4ºC se pueden mantener hasta cuatro años en muy buenas condiciones. 

En general, la mayor parte de la conservación se realiza con cáscara y se pela en función de la demanda del mercado. 


Calibrado 
Según sea su destino existen distintas normas para el tamaño de las avellanas. La fruta con cáscara, destinada a consumo de mesa, se clasifica según las normas de Oregon, EE.UU., en: 
< 16 milímetros 
16 - 19 milímetros 
20 - 24 milímetros 

Las normas para la fruta destinada a industria las fija Turquía, y son las siguientes: 
a) Para fruta con cáscara: 
< 13 milímetros 
13 - 16 milímetros 
16 - 18 milímetros 
18 milímetros 

b) Para fruta pelada (pepita) 
< 9 milímetros 
9 - 1 1 milímetros 
11- 13 milímetros 
13 - 15 milímetros 
15 milímetros 

Valor nutritivo 
La avellana es una fruta muy rica en energía y con alto contenido de proteínas, grasas y minerales. En el Cuadro 4 podemos ver comparada con otra frutas, su composición media: 

Cuadro 4:
Composición Nutritiva de frutos carnosos y secos de especies frutales de hoja caduca (por 100 gramos de porción comestible). 

Fruto Avellana Nuez Manzana Durazno Uva

Agua

5.8 3.5 84.8 89.1 81.4

Calorías (2)

634 651 56 38 67

Proteínas (g.)

12.6 14.8 0.2 0.6 0.6

Grasas (g.)

62.4 64 0.6 0.1 0.3

H. Carbono (g.)

16.7 15.8 14.1 9.7 17.3

Vitam. A (U.I)

- 30 90 1330 100

Vitam. B1 (mg.)

0.46 0.33 0.03 0.02 0.05

Riboflavina Bl (mg)

- 0.13 0.02 0.05 0.03

Niacina B (mg)

0.9 0.9 0.1 1 0.3

Vitam. C (mg)

trazas 2 7 7 4

Calcio (g)

209 99 7 9 12

Fósforo (mg)

337 380 10 19 20

Hierro (mg)

3.4 3.1 0.3 0.5 0.4

Sodio (mg)

2 2 1 1 3

Potasio (mg)

704 450 110 202 173

(1) Fuente: Fruticultura en Zonas Templadas. Westwood, W. 1982. 
(2) Las colonias del alimento (Kcal) es igual a 1000 cal-gramos de calor. 

Como se ve claramente en el cuadro, la avellana posee un alto valor energético que la hace ideal para su consumo durante el invierno. Por razones de carácter cultural, en nuestro país acostumbramos a comer ésta y otras frutas secas en diciembre, para las fiestas de fin de año, o sea en la época equivocada. Tal vez sea ésta la razón del muy bajo consumo de las llamadas "Frutas Secas", avellana, almendra, castaña y nueces, en general, en la Argentina. 

Utilización de productos (Giovanni Me et. al. 1997) 

La producción tiene dos destinos: consumo de mesa, con cáscara, que adquiere mayor o menor importancia según los países y, fundamentalmente, a la industria, que absorbe la mayor parte de la producción mundial. 

Avellanas para el consumo directo: Representan un porcentaje no elevado y variable según los países productores. En Italia son pocos consumidas y en determinados períodos del año, mientras, que en EE.UU. el consumo es mayor. 
Las avellanas de mesa tiene que tener tamaño grande (4g) de forma globosa o alargada y de aspecto atrayente. la cáscara debe ser fina, de modo que se pueda romper fácilmente, y de semilla grande, lisa, privada de fibras, crocante y buen sabor. 

Avellanas para industria: La industria prefiere avellanas de tamaño mediano a chicas ( peso medio de 2 g), de forma esferoidal, con semilla de esferoidal y de calibre de 12-13-14mm fácilmente pelables después del tostado. En este caso, la semilla, entera, es empleada para la obtención de avellanas tostadas, avellanas tostadas y saladas, avellanas pralinadas, turrones y tabletas de chocolate, etc. Las semillas redondas y rotas y aquellas con fruto alargado sirven para obtener granilla para confitería o repostería, o bien, molidas, son utilizadas como pasta para chocolate y en heladería para fabricar cremas para untar. El aceite que se separa de la pasta maquinada puede ser destinado a usa alimentarlo. Es un aceite límpido, de color claro, que encuentra empleo en la cosmética, ya que está dotado de propiedades benéficas para la piel. 

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