AGRO-GESTIÓN  

 

El profesionalismo en la producción agropecuaria

No es una tarea nada fácil, pero en muchos aspectos, los propios participantes tienen en sus manos las posibilidades de cambiar esta situación. Cuanto intentamos enumerar los defectos que tienen  nuestros  productores, nos encontramos con que muchos de ellos conocen y viven esta realidad.

Lo que no se termina de entender es porque no se hace nada al respecto. Nuestros sufridos productores gozan la habilidad de copiar todas las costumbres producidas en otras regiones y en especial la de los Estados Unidos. Desde el aspecto de tecnología y profesionalismo esto es aconsejable, pero cuando vemos a nuestra gente de campo vestida con jean y el típico gorro norteamericano, pensamos en que existen vestimentas autóctonas, que son mucho más acordes y confortables a las actividades y climas nacionales, pero si en definitiva si parecer un John Wayne  de las pampas sirve psicológicamente a estar mejor, bienvenido.

Otro claro defecto de los productores nacionales es la falta de manejo de la información para la toma de decisiones en la comercialización. Los productores entregan sus cosechas a las cooperativas y acopios, sin saber que pasa con los granos entregados. No analizan momentos de ventas, y que ocurre con el cereal. Si es vendido a la exportación, a la industria o a quien corresponda, da exactamente lo mismo, mientras puedan ponerle precio y cobrar su dinero cuando sea necesario. Por lo general los productores nacionales se guían primordialmente por lo que hacen sus vecinos. Es muy común que en algún encuentro chata con chata en algún camino vecinal, se charle que va hacer el otro con su trigo, con su maíz, etc. De acuerdo a lo que haga el vecino, el productor en mención realiza lo mismo.

Otros comunes errores son esperar la cosecha para vender, o  vender cuando se necesita dinero. Cuantas veces se puede escuchar en el interior decir: “yo  guardo granos, si necesito plata vendo, y si no, lo guardo y espero...”. Y así se ha visto guardar trigo de un año para otro, perdiendo la oportunidad de aprovechar precios, que quizás en períodos posteriores nunca se vieron.

También es habitual que se guíen por lo ocurrido en el año anterior. Por ejemplo, se dice que en el segundo semestre sube el girasol, que en los fines de mes bajan los precios, que en primavera el trigo sube. Y esto es así. Ningún año es igual a otro. Algo que queda en evidencia claramente, es que los productores son naturalmente alcistas.

Como vendedores siempre esperan que los precios suban, y si no es hoy, será mañana. Como aliciente debemos pensar que los compradores, son naturalmente bajistas.

Pero no todos son defectos los que poseen los productores, tienen virtudes y muy destacables. La primera que sobresale a todo análisis es el gran poder de subsistencia demostrado, no solamente en los últimos años, sino en el último medio siglo. Porque fuera de los inconvenientes climáticos que siempre existieron,  nuestros productores sufrieron retenciones en las exportaciones, con tasas de hasta el 35%, con la consabida disminución de los valores.

Desde siempre se comercializo en moneda blanda y cuando había inflación, los que perdían eran ellos como vendedores. La falta de crédito acorde a los ciclos de las producciones agrícolas ganaderas, falta de sensibilidad y ayuda por parte de los gobiernos de turno, la inexistencia de la representatividad de las entidades rurales, como medio eficiente de reclamo ante los gobernantes, son otras de las cosas que tuvieron que aguantar. Tuvieron que soportar también el descrédito que ocasionan los comentarios que indican que este es el sector más evasor de impuestos, o el que peor paga las deudas.

Otra gran virtud de los productores argentinos es la habilidad para mantenerse de pie, con la utilización de la última tecnología, de la fertilización, de los mejores agroquímicos, el uso de las nuevas semillas, etc. Antes los argentinos viajaban a ver como se producía en los EE.UU o Europa, hoy son ellos los que vienen a copiar a nuestros productores. Y lo mejor y lo más virtuoso es que el productor fuera de intentar hacer negocio para poder vivir y dejar un futuro de trabajo a sus descendientes, ama lo que hace.

El productor argentino quiere a su tierra, a su país y a sus labores productivas como filosofía de vida. En definitiva, el productor del nuevo milenio será aquel que obtenga un perfil más profesional, más dinámico, con mayor capacidad de desarrollo y pueda potenciar un perfil más profesional que le permita hacer frente al cambio ante los imprevistos.

Y con seguridad así pasará, porque si después de todos los inconvenientes y problemas transcurridos, todavía existen productores agropecuarios en el año 2000 en la Argentina, por algo debe ser.

A partir de este diagnostico, BIT ha desarrollado un programa de gestión agropecuaria que le aporta al productor las herramientas necesarias para que al momento de tomar una decisión cuente con la mayor información posible, para que  los recursos productivos se distribuyan en un cierto número de alternativas, exista organización, dirección y control del negocio de forma tal que se logren los objetivos buscados.

Agrobit.com

 
 


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Última modificación: Lunes 24 de Octubre de 2005
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