AGRO-GESTIÓN  

 

El Papel de la Tecnología en la Argentina

La Argentina acortó rápidamente la brecha tecnológica que la separaba de los países más avanzados. Esta brecha se había ido ampliando durante los años en que los productores locales no podían acceder a las innovaciones desarrolladas en el Primer Mundo. 

Por un lado, las retenciones recortaban los ingresos. Por el otro, el exceso de protección encarecía los insumos y equipos necesarios para producir. El sector agropecuario estaba condenado a producir exclusivamente a base de tierra, implementando las llamadas tecnologías de "costo cero": ajustar la fecha de siembra, manejar bien la rotación de cultivos, un buen barbecho, etc.

De esta manera, se desarrolló un sistema "extensivo": poco capital en insumos y equipos en relación con la tierra, el factor más disponible. Como el modelo era de baja productividad (y, en consecuencia, de baja rentabilidad) la tierra era barata, lo que realimentaba el circuito extensivo.

Cuando cambió el modelo, se pudo captar rápidamente la tecnología hasta entonces vedada. Fue un proceso violentísimo, a lo largo de los 90, que se tradujo en una sucesión de cosechas récord hasta alcanzar los 66 millones de toneladas en 1998. El fenómeno tiende ahora a atenuarse, porque la brecha se va diluyendo.

Se registro así una nueva revolución tecnológica en la Argentina. La primera había transcurrido durante la conquista territorial, a fines del siglo pasado. Esta es la conquista tecnológica. Los principales hitos son: 
·Intensificación de la agricultura, a través de la incorporación de una nueva generación de materiales genéticos, la mejora en el control de malezas, la fertilización y un mejor manejo del suelo y el agua. 
·Intensificación de la ganadería de carne y leche, que permitió liberar cinco millones de hectáreas para la agricultura.

Hasta los 90, predominaba la genética "defensiva". Se buscaban variedades e híbridos capaces de rendir en suelos cada vez más pobres, con buena resistencia natural a enfermedades e insectos, y gran rusticidad. Era lo que hacía falta para producir en un país que no podía fertilizar, ni aplicar funguicidas, ni regar. 

El chacarero argentino fue sumamente hábil para sacar buenas cosechas a pesar de esas restricciones. Cuando llegó la oportunidad, fue necesario incorporar otros materiales, "de carrera", porque los tradicionales no tenían capacidad de respuesta cuando se los sembraba en lotes de alta fertilidad, con buena disponibilidad de agua, etc.

Por ejemplo, las variedades de trigo más usadas comenzaron a exhibir problemas de vuelco cuando se las fertilizaba "a la europea", es decir, poniendo todo lo que teóricamente podrían absorber. En lugar de traducir esa mayor fertilidad en mayor rinde de grano, lo que se lograba era que la planta "se fuera en vicio".

Las empresas de semillas enseguida renovaron su oferta en todos los rubros. El potencial de rendimiento sube sin cesar. El mayor acortamiento de la brecha se dio en el maíz, donde el rinde nacional pasó de 40 a 60 quintales en la década. Por estos cambios tecnológicos aumentó la productividad y subió el precio de la tierra.

Este aumento del potencial maicero tuvo su impacto en la ganadería, que lo incorporó en la rotación potenciando todo el sistema productivo. Primero en el tambo, luego también en la ganadería de carne, el silo de maíz y el ensilado de granos húmedos constituyeron una verdadera revolución aún inconclusa. 

En establecimientos de cría, el uso de ambas herramientas permitió alterar profundamente la estrategia empresarial. Ahora es posible vincular el destete precoz con el engorde de terneros "bolita", que constituyen la categoría de mayor demanda por parte de los supermercados. Y al mismo tiempo se mejora la preñez, al aliviar a la vaca en el momento del nuevo servicio.

Agrobit.com

 
 


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Última modificación: Lunes 24 de Octubre de 2005
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