Herramientas
para afrontar desequilibrios financieros graves
Repasaremos en este artículo los elementos
disponibles en el mercado con el respectivo respaldo jurídico que ofrece la
legislación vigente para echar manos de algunos instrumentos en los casos de
desequilibrios graves, en otras palabras un breviario de elementos que conviene
conocer cuando las nubes son muy negras.
Las herramientas de
refinanciación o reestructuración son de utilidad para aquellas empresas cuyo
estado financiero se ha tornado complicado: ya no se pueden sostener ni pueden
pagar sus cuotas adecuadamente. Esta situación obliga a cambiar la estructura
tanto económica como financiera de una empresa. Dentro de una gama de
posibilidades del mercado financiero se no se encontrará ninguna que sea
claramente ventajosa ya que todas constituyen en menor o mayor grado, un
recurso extremo. El marco de situación al que llega el productor como el plan
de refinanciamiento es tan precario que a veces solo se puede hablar en
términos de subsistencia o muerte de la empresa.
Una de los elementos con que cuenta el mercado es el
Warrant como garantía sobre financiaciones o refinanciaciones. Cuando se llega
una determinada cosecha, los precios tienden a bajar; si cancelamos (total o
parcialmente) la deuda en ese momento, sucede justo cuando el acreedor me
reclama la deuda más alta y la pagamos con el precio más bajo de la
producción. entonces se puede hacer un Warrant a un plazo razonable de tiempo
que permita esperar precios más razonables. Normalmente con el acreedor (agente
financiero, banco, etc) es posible conversar para lograr un plazo extra si se lo
convence de que al final cobrará lo suyo. Convenido el arreglo el certificado
de Warrant es cedido al acreedor.
Leasing sail o lease back se
trata de una herramienta por medio de la cual uno o varios bienes que pertenecen
al activo fijo se venden a una empresa de leasing. El bien en cuestión solo
cambia de dueño, pero nunca sale del campo. La cosa pasa por vender al contado
y recomprar el mismo bien en cuotas con la modalidad mencionada. La ventaja es
siempre la de hacerse de dinero para campear el mal tiempo por la que atraviesa
la empresa. Se logra liquidez de un capital que estaba inmovilizado y, además,
el bien deja de formar parte del activo, con las ventajas impositivas
adicionales que son, por caso, las de no influir en el impuesto a la
rentabilidad mínima presunta.
Ahora bien, ante una situación
más grave donde la empresa necesita de incorporar capital productivo pero no
puede venderse la mitad del campo porque se afectaría la unidad productiva, la
alternativa es buscar un grupo de inversión como socio. Puede suceder que el
grupo inversor ponga su dinero y, a la vez, que no se interese por participar en
el manejo de la empresa; confían el manejo al socio más antiguo. de ahí en
adelante, los socios (el productor y el grupo inversor) no solo participan de
los intereses que se dejan de pagar al incorporar capital líquido, sino que,
con dinero fresco mejorarán etapas o aspectos de producción (tecnología) y
comercialización (pagos al contado con beneficios adicionales); esto hará
mejorar la rentabilidad de la explotación, y en definitiva, lo que se divide,
es de
acuerdo al porcentaje que adquiera el inversor. Algunos grupos procuran tasas de
retorno cercanas al 25-30% anual.
Los grupos comúnmente no
buscan interferir en la conducción de la empresa (salvo en una supervisión
lógica de control de su dinero) y suelen tener objetivos muy claros: una
rentabilidad anual, una inversión de cinco años como máximo, y luego la
salida del negocio con las correspondientes utilidades. Contrariamente se
aseguran de tener la puerta abierta para vender sus acciones a quienes quieran.
Si entran con una expectativa del 15% anual y lo logran, pero la tierra o el
valor capital aumenta un 50%, ellos querrán vendérselo a cualquiera que
desembolse la suma. A veces, no hay muchas alternativas para lograr el
equilibrio financiero perdido, y los grupos de inversión constituyen una
posibilidad.
Las conocidas obligaciones
negociables (ON) tuvieron como protagonistas los bancos que salieron a realizar
este tipo de operaciones consistentes en la emisión de un pagaré por parte del
productor, mientras el banco se encarga de buscar el prestamista. el préstamo,
en este caso no lo otorgaba el banco: Había que hacer un sacrificio que
consistia en pagar una comisión al banco más un valor de prima para que
alguien colocara el capital primario. No solamente se cobraba el interés, sino
que se hacia sobre el 100% cuando en realidad otorgaban 90%, la tasa real de
interés era superior. Las ON perdieron prestigio por malos manejos y
situaciones de mercado conflictivas, pero existen como una alternativa para
hacerse de dinero a mediano y largo plazo. en empresas con gran potencial
económico se colocan las ON en la bolsa de Nueva York, pero con una
particularidad: si después de emitir un ON, en un plazo determinado ocurren o no
ciertos eventos, las ON se transforman en acciones. Hoy son acreedores y mañana
accionistas.
Otra variante interesante es la
de reestructuración o compra: una propiedad puede dividirse en dos
conceptos: la nuda propiedad, que indica la mera tenencia del bien (la propiedad
de los ladrillos, el techo y el piso, por ejemplo de una casa), pero sin gozar
de sus beneficios; el otro concepto es el usufructo mediante el cual se recogen
los bienes que esa propiedad produce (las ventas o un arriendo). en estos casos
la posibilidad sería dividir la empresa en dos sociedades: una propietaria de
la nuda, y otra del usufructo, combinándolas con un contrato de arrendamiento de
renovación automática. Se trata siempre de refinanciamiento y
reestructuraciones cuyo objetivo apunta a salir de la tormenta.
En el peor de los casos, cuando
se desencadena el temporal y la estructura de la empresa se ve seriamente
jaqueada por la situación financiera severa, queda una jugada extrema: el
concurso preventivo. Este concepto esta cargado de un significado negativo en la
medida en que tradicionalmente se asocia con individuos con poca o ninguna
voluntad de pago, cuando no "estafadores", pero el concurso preventivo
es utilizado hoy por importantes empresas para recurrir a a una herramienta más
de financiación, que no debe ni tiene que avergonzar a nadie.
El concurso preventivo permite
en primera medida poner paños fríos a la situación. Todo se detiene hasta
tanto no sea aprobado el plan que posee la empresa para solicitar su concurso.
Hasta ese momento se suspende el curso de los intereses, y a partir de que se efectúa
la propuesta en la AFIP ya tiene, por circular interna, un plan especial para empresa
con menor interés y mayor plazo.
El concurso no implica perder
el manejo de la empresa, pero si impone un veedor, que el síndico del concurso,
que controla que los fondos no se desvíen y evita el vaciamiento de la empresa.
durante este período, todas las deudas anteriores suspenden su continuidad; no
se puede ejecutar a nadie por ningún titulo anterior hasta el día previo al
concurso, salvo en casos de prendas o hipoteca, que tienen un régimen especial,
aunque este sigue siendo ventajoso.
No importa que antes o después
del concurso haya cierre de cuentas bancarias. tampoco el cheque diferido trae
problemas actualmente, porque representa un problema de pago con el clearing
bancario. La imposición que tiene el concursado es la de tomar y vender al
contado, y aún en el caso de vender o recibir un cheque diferido también se
considera venta al contado.
Cuando se entra organizada y
planificadamente, un concurso, mientras se respete a los proveedores importantes
puede conformar una salida útil. Si lo contempla la ley es legal pero hay que
entrar bien asesorado y con tiempo. a veces, el problema financiero se torna tan
acuciante que entra en concurso preventivo aún después de varios pedidos de
quiebra. hay dos caminos para entrar en esta instancia: por propio pedido o a la
fuerza. En el segundo caso si sobreviene un embargo de bienes, puede cancelarse
si es que el dinero proviene de algún lado; de lo contrario el acreedor puede
solicitar la quiebra, ante este pedido, el deudor puede pagar o concursarse. la
última es la peor forma de entrar, y siempre es mejor organizarse, revisar bien
que tipo de deudas hay y asesorarse al máximo; pero se trata de una herramienta
legal que, de todas las que existen puede ser su único salvataje.
Autor: Hugo Edgardo
Bousiguez
Fuente: Charla ofrecida por la Asociación Argentina de Angus. Revista
F&G. Año 2000