¿Tienen
futuro los futuros de los novillos?
A mediados de 1998, cuando el precio del ternero en Liniers llegaba a 1,7
$/kg y el del novillo rozaba el 1,3 $/kg, nadie en el sector de la carne vacuna que diera una conferencia o una entrevista a un medio omitía mencionar la necesidad de contar con un mercado de futuros de carne, especialmente si el
orador/entrevistado pertenecía al sector frigorífico. El veranito de los precios pasó, el novillo bajó y el 1 de setiembre de 1999
comenzó a operar el Mercado de Futuros de Novillos, un producto lanzado por el Mercado a Término de Rosario (Rofex).
El comienzo fue auspicioso; días con hasta más de 100 contratos operados y un mes de setiembre que cerraba con 967 contratos. A 5.000 kg de carne por cada uno, se habían cubierto poco menos de 5.000 t -unos U$S 4,5 millones- en treinta días. Pero la operatoria comenzó a declinar: 565 en octubre, 460 en noviembre, y así sucesivamente
hasta llegar a junio de 2000, cuando en todo el mes no se cerró una sola operación. Los datos son elocuentes: en noviembre de 2000 se llevaban registrados 2.827 contratos, de los cuales 1.992 corresponden a las operaciones de setiembre, octubre y noviembre de 1999.
¿Qué fue entonces lo que pasó? ¿El producto no era bueno? ¿Falló el
marketing? ¿No hubo interés de parte de los operadores? ¿Lo boicotearon? ¿Fueron los especuladores los que no quisieron entrar?
Detrás del producto que lanzaba el Rofex se proyectaba la sombra del MerFox, el mercado de futuros de hacienda que operó en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires a principios de los 90 y que dejó de hacerlo, según manifiestan quienes conocieron la interna, principalmente por divergencias entre los responsables del MerFox y los de la Bolsa de Comercio.
A pesar de que el Rofex data de 1909 (aunque en ese momento operaba con otro nombre), su actividad fuerte comenzó en 1993 y se posicionó rápidamente en el mercado de referencia de futuros
de soja, con contratos que se ajustan mediante un índice de precios, el ISR. Bajo la dirección de
Alejandro Weskamp, en 1998 el Rofex lanzó la operatoria electrónica y abrió sus oficinas en Buenos Aires. La estrategia era
y es diversificar la oferta de productos negociados y, en este sentido, los futuros de novillo encajaban a la perfección en el plan.
"Sobre fines del 98 nos llamaron de la Secretaría de Agricultura, donde, en una reunión de importantes entidades ganaderas, se había hecho el pedido de un plan ganadero que contemplaba la puesta en marcha de un mercado de futuros de novillos", recordó el contador Diego Fernández, responsable del Rofex en Buenos Aires. En definitiva, desde la Sagpya les
decían que el sector estaba pidiendo este instrumento de cobertura de riesgo, lo cual
aceleró el proceso. Se sucedieron reuniones entre la gente del Rofex y representantes de la SRA, CRA, la AIAC (Asociación de Industrias Argentinas de la Carne, donde se agrupan los frigoríficos exportadores) y para febrero de 1999 ya
estaba consensuado el borrador del contrato de futuros. 'En este proceso inicial no participaron los consignatarios, sí el Mercado de Liniers, que concentra a varios de ellos', aclaró Fernández. Una vez que estuvo listo el primer borrador del contrato, las conversaciones continuaron ampliando el auditorio al Centro de Consignatarios de Productos del País (CCPP) y al Centro de Consignatarios Directos de Hacienda (CCDH), así como a empresas referentes como Cresud, de hecho una de las primeras en realizar operaciones cuando el mercado comenzó a funcionar.
¿Cómo era el panorama que se vislumbraba previo al lanzamiento del producto?
Por un lado, estaba el fantasma del MerFox que, si bien había
logrado operar volumen y desde este punto de vista podía considerarse un producto exitoso, transmitía la idea de fracaso, y por el otro, la falta de una cadena de distribución para estos contratos de futuros. Luego aparecían las incógnitas, básicamente
dadas por cuál iba a ser la receptividad del sector. El diagnóstico se completaba con la visión de un sector que
institucionalmente apoyaba con firmeza el proyecto.
"Con ese panorama teníamos dos alternativas continuó el relato Fernández-: o esperar a lanzar el producto cuando las condiciones fueran más
propicias, lo cual significaba que todos los consignatarios estuvieran involucrados en el proceso y
capacitados para operar, y todos los frigoríficas dispuestos a participar, y la otra era largar igual. Por la idiosincrasia de aquellos con los que hablábamos, y el perfil que veíamos, nuestra impresión era que si hubiéramos
esperado a tener el apoyo de todos para comenzar, no lo íbamos a hacer nunca. Todos nos decían:'
Avísame cuando esté andando'."
En realidad, nadie había puesto palos en la rueda a la iniciativa; nadie había dicho que el mercado de futuros de novillo no fuera andar, más bien todo lo
contrario: las declaraciones eran de apoyo.
Todo el desarrollo de este producto no llegó a demandar U$S 100.000, según los cálculos
a grosso modo de Fernández, y buena parte de ellos correspondieron a la presentación hecha en Rosario, para lo cual se chartearon tres aviones desde Buenos Aires, en los que viajó todo el establishment ganadero porteño.
La idea era que la inversión inicial en el producto se recuperara en el término de un año y medio, y de haberse mantenido el ritmo inicial de mil contratos mensuales, que representaron unos U$S 6.000 (1%o) en concepto de comisiones, seguramente se hubiera logrado.
Para la misma época se había hecho una operación de ablande con la publicación de artículos en distintos medios y charlas de divulgación, que a
la fecha suman ciento treinta. También se dictaron cursos de capacitación para operadores de casas consignatarias; se incentivo a los especuladores a actuar
en este mercado brindándoles tasas preferenciales, que en algunos casos llegaron a ser nulas, o bien ha- ciéndoles descuentos en otros productos por haber operado el INA (índice de Novillo Argentino).
"Los volúmenes iniciales del INA fueron muy positivos si tenemos en cuenta que cuando se lanzó la operatoria de granos se hicieron
mil contratos en todo el primer año, pero fundamentalmente aportamos especuladores al mercado", agregó Fernández.
¿Qué pasó?
Un mercado de futuros funciona con operadores genuinos o hedgers por un lado, y especuladores por el otro. Los primeros son aquellos que operan para
disminuir el riesgo de su negocio, y los segundos, por el contrario, hacen de la operatoria el negocio en sí mismo. Mercados muy desarrollados, como el de Chicago Board of Trade, en los EE.UU., poseen una proporción de 20 a 30% de hedgers
contra un 70 a 80% de especuladores.
Los operadores genuinos del INA eran los productores, feedloteros, frigoríficos, exportadores y
supermercadistas. Con mayor o menor participación, eran ellos quienes tenían que usar el mercado para demostrar al especulador que la operatoria tenía liquidez. Sin embargo, quienes operaron mayoritariamente en la primera etapa del
lanzamiento fueron los especuladores, que llegaron a tener, según Fernández, una participación similar a la ideal. Este hecho fue confirmado por Ambrosio Solari, de Mandato SRL, el segundo operador del INA en volumen de contratos.
Por su parte, otro corredor que efectuó operaciones con el INA también sostuvo que fue la ausencia de los operadores genuinos lo que
desalentó a los especuladores a seguir operando. "Se hizo un círculo vicioso: como los hedgers no entraban, los especuladores se retiraban, y el mercado perdía liquidez, lo cual desalentaba a operar, y así
sucesivamente -explicó el corredor-. Ante este panorama, una casa corredora que había puesto a una persona a trabajar con el INA prefirió volver a poner su esfuerzo en el mercado de granos."
También para el Rofex es un problema volear esfuerzos en el producto si no hay resultados: "El mercado aminoró su inversión en difusión del INA. Entre Rosario, la Capital y el Interior, dimos
ciento treinta charlas, pero ¿qué sentido tiene dar una charla al Interior si después el productor no
encuentra a través de quién operar?", argumentó el responsable del Rofex en Buenos Aires.
Problemas por resolver
Así las cosas, en la visión de Fernández, los problemas por resolver serían dos:
a) Superar la limitación cultura¡, particularmente en los frigoríficas, que hizo que no se volcaran a la operatoria. Es que la lógica indicaba que si, como dicen, el negocio no les cierra con el kilogramo de novillo a 90 ctvos., deberían haber tomado coberturas cuando se operó a 83
ctvos. "Creo que hay una gran distancia entre el profesionalismo de las empresas frigoríficas grandes y las empresas
granarias grandes, y para eso basta mirar los resultados de las primeras', aunque luego Fernández trató de justificarlas al decir: 'Puede ser que estén apagando incendios y no puedan planificar'.
Sin embargo, el corredor consultado señaló que 'el tema financiero es una excusa muy vieja. Para el
depósito de las garantías, que es el monto más importante, existen avales bancarios con tasas preferenciales del 3 a 4% anual, mientras que el banco de Santa Fe da créditos a productores del 15% sobre saldos, que pueden ser usados para las diferencias". b) El otro inconveniente -no menos importante- es la carencia de una red de distribución del producto. El punto es que quienes actúan en los mercados granarios, es decir el corredor junto con el acopio, no conocen del tema carne, mientras que donde sí hay una red establecida, que son los
consignatarios, aparece como limitante la falta de conocimiento en el uso de mercados de futuros. 'Habiendo tenido contacto con los consignatarios, me atrevo a decir que tampoco veo que en el
corto plazo lo vayan a hacer; por lo tanto, creo que habría que generar canales de comercialización
alternativos', planteó Fernández.
Estos canales alternativos vendrían de la mano de: a) empresas corredoras dedicadas exclusivamente a la operatoria de futuros y opciones, de las cuales hay al menos cinco en el mercado; b) asociaciones de productores como Aacrea, o sociedades rurales del Interior, como el caso de la de Lobos, que está siendo asesorada por la gente del Rofex para que los productores operen directamente desde una
terminal instalada allí; e) operación directa mediante internet; d) no se descarta la operatoria a través de la banca, como el caso del Banco de Santa Fe, con el cual el Rofex tiene un
convenio para el cobro y pago de garantías, o como el Banco Río, que está dando avales a los grupos Crea. 'No veo que el producto en sí no se desarrolle en
forma distinta del de los granos -continuó Fernández-. En los Estados Unidos operan entre 10.000 y 20.000 contratos por día, pero los granos operan 300.000', concluyó.
Autor: Javier Patiño
Fuente: Nota publicada en la revista F&G. Diciembre de 2000