Endeudamiento agrario: A veces
un plan de producción implica la venta de capital
Esteban Artica
administra empresas agropecuarias mixtas de entre 400 y 8000 hectáreas en la
pampa húmeda. Siendo asesor del grupo Crea Arroyo de las Flores, en Saladillo,
asiste a empresarios cuyos niveles de endeudamiento llegan hasta el 80% del
capital, y reconoce que mientras el endeudamiento bancario llegaría al 50%, la
mayor parte de los pasivos está relacionada con las grandes empresas
proveedoras.
Según observa, la
renta de las distintas actividades están muy por debajo de las tasas de interés
que se cobra por los créditos. Y el camino de tomar deuda para crecer parece
ser una suerte de salvavidas de plomo.
Artica asegura que
"todo lo que hoy es banca privada resulta prohibitivo, porque no hablan de
menos del 12 al 14%. No hay proyecto en la pampa húmeda para actividades
tradicionales que cierre con créditos que llegan hasta el 18%. Con la
rentabilidad actual, esto se torna inviable".
Para Artica, el nivel
de endeudamiento de la actividad agrícola puede ser mayor que el de la ganadera
porque su tasa de retorno es mayor y el riesgo es distinto. "La empresa agrícola
puede endeudarse entre un 10 y 20% del total del capital, mientras que la
ganadera puede hacerlo hasta un máximo de 5 a 10%", sostiene.
En función de la
renta que deja la cría o la invernada, los créditos de crecimiento que se
toman "no deberían estar por encima del 10%, con años de gracia porque
son actividades en las que se cobra recién después de uno o dos años. De otra
manera, el negocio no tiene sentido".
Vender
capital
¿Qué camino se toma entonces? El técnico
recomienda la necesidad de achicar la deuda, vendiendo capital, para entrar en
los niveles de endeudamiento que no coarten la viabilidad. Y lo ejemplifica de
la siguiente manera.
"Un productor de
mil hectáreas cuenta con un capital de 1,5 millón de pesos (entre tierra y
hacienda) y está endeudado por 500 mil pesos. Su resultado es de 70 pesos por
hectárea, retira 30 y le quedan 10 para intereses y 30 de amortización de un
crédito a diez años. No sería recomendable que le quede una deuda mayor a 100
mil pesos, por lo que tendría que vender capital para situarse debajo de ese
monto, porque la deuda que pasa por arriba del 8 al 10% del capital se torna
inmanejable. Aunque lo ideal sería que la empresa produzca los 50 o 70 pesos
que necesita por hectárea, y no hablar en términos de deudas manejables o
no." Con la premisa de llevar a la empresa a niveles de producción viables
para soslayar el endeudamiento, Artica sugiere "realizar un diagnóstico,
tanto de la empresa como del empresario, para armar un plan de producción, que
puede implicar la venta del capital".
La importancia del
diagnóstico radica en que muchas veces se lo realiza en situaciones límite
donde lo único que queda es la convocatoria de acreedores o la quiebra.
"Pero si se hace a tiempo, hay millones de soluciones como vender la
hacienda o arrendar el campo y vivir de la renta: a veces el alquiler deja 28
pesos por hectárea que rinde 5 pesos, y la diferencia son de 112 mil pesos por
año.
"Aún
continuando con el planteo productivo, el diagnóstico me permite saber cómo
evoluciono. Puedo tener un año de sequía o inundación, pero no puedo tener
tres ejercicios negativos", sostiene el asesor.
Luego, hay que
evaluar el análisis patrimonial. Más allá de ser una advertencia obvia,
"el 85% de los productores agropecuarios no hace un análisis
patrimonial", advierte. A partir de esta foto, se establece un antes y un
después en la continuidad de la empresa: a futuro se establece el presupuesto
financiero, mientras que hacia el pasado se reflexiona sobre la gestión.
Un plan
simple
Aun cuando, convencidos de que haciendo más
eficiente la producción y aumentando la rentabilidad se pueden saldar las
deudas, hay que tener en cuenta que, en la pampa húmeda, "los campos no
están muy distantes de lo que se debe hacer.
"Lo que falta
-explica- son dos cosas: ejecución y capital circulante. La ejecución hace
referencia a la relación entre plan productivo y el empresario, porque no
siempre el plan es ineficiente, sino que el productor no se sadecua a las
necesidades del plan.
"Por otra parte,
está el capital circulante, que es lo primero que se pierde cuando uno comienza
a endeudarse porque se deja de tener caja para comprar insumos hoy (obligándome
a comprarlos dentro de dos meses cuando cueste un 20% más). En el 95% de los
campos no existe este colchón financiero", advierte.
Una vez reconvertida
la deuda, la empresa no debe tener un pasivo superior al 5% en su punto máximo
de deuda, o sea la deuda real, que incluye la bancaria, comercial, impositiva y
privada. "Probablemente de las 1000 hectáreas que tenía, tuvo que vender
300, pero si no se puede vivir con esas 700 el problema no es del campo...
entonces el achique tiene que venir por el lado de las cuentas personales",
arriesga el especialista.
No obstante, Artica
no duda en cargar las tintas sobre el crecimiento. "Si el resultado da como
para vivir, pagar intereses y amortizar el capital, quiere decir que estoy
creciendo, porque pagar la deuda es sinónimo de crecer. Luego, el endeudamiento
tiene que estar en función del resultado. Pero hoy estamos inmersos en una
rentabilidad promedio de entre el 3 y el 5%, con costos que crecieron mucho,
donde hay que ser muy eficiente para ganar muy poco", señala.
Fuente: Diario
La Nación (Suplemento Campo)