Entre la búsqueda de escala y
achicamiento
Si un problema bien
planteado encierra en sí el germen de su solución, convendría antes de
achicar el endeudamiento ver los orígenes del mismo que pudieron estar
motivados por condiciones adversas, las que podrían llegar a prolongarse por más
tiempo de lo previsto.
Así lo entiende
Carlos González Crende, asesor de tambos y administrador de empresas
agropecuarias, al afirmar que "antes de embarcarse en cambios drásticos
tal vez sea mejor esperar un tiempo".
¿Por qué? "En
los dos últimos años la situación se agravó y el achicamiento fue la
variable para mejorar el resultado. Muchos productores se encontraban
encaminados en planes lógicos de producción, con expectativas razonables de
crecimiento o de viabilidad, pero chocaron con la caída de precios o las
adversidades climáticas, que conspiraron contra el panorama y propiciaron el
endeudamiento", explica González Crende.
Según el
especialista, la toma de créditos encerró también una lógica, pero luego los
precios cayeron vertiginosamente.
Entonces, la actitud
frente a lo previsible y a los imponderables es siempre la misma, "ser
realistas; la eficiencia puede venir de la mano de la inversión, pero también
de la mano del manejo: si soy muy optimista respecto de mi proyecto, y hago mal
mi presupuesto, crece la posibilidad de endeudarse".
Conócete
a ti mismo
"Operativamente, es importante conocer cómo
le va a uno", sugiere González Crende al señalar que "para ello
primero hay que medir la variación patrimonial, que es la foto de mi empresa
hoy; sólo después hago gestión".
"Lo mínimo
-subraya- que hay que hacer es medir sus deudas. Estas son las bancarias,
fiscales, familiares, personales, tarjetas de crédito, cuentas a pagar -donde
se amontonan las facturas por las que aún no se emitió ningún cheque- y los
cheques diferidos, que abundan: representan entre un tercio y el 50% de la deuda
global", agrega, y remarca que "hay que manejar correctamente la
cuenta corriente porque es un mecanismo de financiación muy útil; no se pueden
emitir cheques por más de lo que se gana".
"Es muy común
escuchar a los tamberos decir que les falta escala, pero nadie dice cuál es la
escala óptima para la situación actual o la mínima para ser viable",
explica González Crende.
"Esta creencia
no tiene sustento y lleva a un crecimiento con endeudamiento. El problema puede
ser que tienen una estructura montada que no sirve para esa escala, y justamente
no la quieren remover porque costó mucho armarla. Cuando un tambero dice que le
faltan bajadas (lo que requiere una inversión, o sea endeudarse) la respuesta
puede ser que le sobran vacas (que significa, más que un achicamiento,
equilibrar el capital para lograr una rentabilidad aceptable)", sostiene.
Entonces, "nadie
quiere emparejar hacia abajo; todos lo quieren hacer para arriba, cuando las
cosas no siempre se solucionan creciendo en estructura: antes de perseguir la
rentabilidad con bajadas sería recomendable quedarse con las mejores vacas,
mantener el tamaño del tambo y achicar la deuda con la hacienda vendida",
expresa.
Esta situación
corresponde a un déficit de manejo que se genera a partir del desorden en las
propias cuentas y cuando no se prevé el costo de ese endeudamiento, que surge
como bola de nieve en picada.
"Hay que
acostumbrarse a hacer un plan con las herramientas y recursos que tengo a mano,
y si se elige recurrir a un asesor, hacerlo con él, porque tengo que entender
ese plan: de nada me sirven esos informes enormes que nunca voy a leer",
manifiesta González Crende.
Un plan que ayude a
vislumbrar si la empresa es o no viable no es otra cosa que "ponerle número
a todo: saber de antemano el resultado potencial y cotejarlo con el nivel de
endeudamiento, los retiros que necesito y los intereses que debo pagar; si las
cuentas cierran, vale la pena seguir adelante".
Equilibrio
El técnico retoma el concepto de mantener un
determinado equilibrio en la composición del capital para producir la máxima
rentabilidad. "En mi plan, la tierra, la hacienda, las instalaciones y las
máquinas tienen que tener una proporción justa y balanceada; son como las
patas de una mesa: está firme cuando todas tienen la misma simetría. Pero si
pretendo equilibrar para arriba en una de ellas, el resto queda
desproporcionado", advierte el especialista.
Cuando se da un
desequilibrio es cuando uno tiene la oportunidad de achicar la deuda, reduciendo
los activos. "Si vendo las vacas que me sobran no tengo que hacer una
reforma en las instalaciones."
"En cuanto a las
máquinas, es vital no intentar mantener su valor por medio de las inversiones
constantes que se requerirían para mantener la vida promedio, en tanto que es
poco lo que se puede hacer con las instalaciones. En cambio, la tierra hay que
cuidarla porque no se amortiza", añade el productor.
Fuente: Diario
La Nación (Suplemento Campo)